miércoles, 16 de septiembre de 2015

TORO DE LA VEGA: PROHIBIDO EN EL FRANQUISMO

Alancear o acribillar.
A propósito del Toro de la Vega han sido viscerales y airadas,  las redes sobre todo, las respuestas a mi artículo en el Mundo. Hay división de opiniones, pero voy a centrarme en las más hostiles y descalificadoras que me acusan de ser contrario a las manifestaciones populares de los toros. La corrida es en sí una manifestación popular, aunque los oficiantes sean toreros profesionales; los que cobran, aquellos a los que Afonso X el Sabio llamaba enfamados. Por recibir dinero.
A) Precedentes actual situación del Toro. No es el peor momento por el que atraviesa el Toro de la Vega. En los  50 y 60  del pasado siglo, fue duramente cuestionado y, durante unos años,  prohibido el alanceamiento y muerte; quedó en una especie de encierro incruento y sin violencia.
1). Nada tengo en contra del pueblo soberano. La corrida en su actual formato tiene sus orígenes en el pueblo. Y pueblo eran los ayudadores de los caballeros, los actuales subalternos, que “echaban un capote"  a los alanceadores.
2). La corrida caballeresca, alancear toros,  es por lo tanto y a grandes trazos, precedente de la corrida actual, codificada a mediados del XVIII. “Sobre un caballo alazano/ cubierto de galas y oro/ demanda licencia urbano / para alancear un toro un caballero cristiano” El jinete era el Cid Campeador, según Moratin. Los caballeros, cortesanos y aduladores, abandonaron correr toros porque al rey (Borbones) no les gustaban.
 3) Pretender que el Toro de la Vega es un torneo, una reivindicación del alanceamiento y por lo tanto de la corrida caballeresca, es un contradiós. Se le acuchilla, no se le alancea a la “torea forma”. El “festejo” está reglamentado, dicen. No lo dudo. Pero las imágenes, año tras año, son demasiado elocuentes.
4) Que estuviera prohibido algunos años durante el franquismo no da al Toro de la Vega, carácter democrático ni le quita condición sanguinaria.
5) Nada tengo en contra de los festejos populares, como las capeas, los encierros, los toros de calle sin muerte ni maltrato, en los que, dada mi condición de aldeano, me crié. Si he protestado contra los Bous al carrer, es por estimar que la Generalitat de Catalunya usa un doble rasero político; prohibir la corrida por españolista y estimular los bous por catalanistas. Lo cual a mi juicio es confundir  el culo con las temporas, la velocidad con el tocino y la gimnasia con la magnesia. Que es lo que les ocurre a muchos antitaurinos. Y a bastantes taurinos.